Ballena Gris
La gran viajera del Pacífico
La historia de la ballena gris es una de las mayores historias de supervivencia del mundo marino. Tras haber estado al borde de la desaparición debido a la caza comercial, hoy vuelve a protagonizar una de las migraciones más extraordinarias del planeta.
La ballena gris (Eschrichtius robustus) alcanza longitudes de entre 12 y 15 metros y puede superar las 35 toneladas de peso. Su aspecto es fácilmente reconocible por la ausencia de aleta dorsal y por la presencia de manchas claras producidas por percebes y otros organismos que viven adheridos a su piel.
A diferencia de otras grandes ballenas, se alimenta principalmente removiendo los fondos marinos. Aspira sedimentos y filtra pequeños crustáceos, anfípodos y otros organismos bentónicos utilizando sus barbas.
Cada año protagoniza una migración de más de 15.000 kilómetros entre las frías aguas del Ártico y las lagunas protegidas de Baja California. Se trata de una de las migraciones más largas conocidas entre los mamíferos.
Las lagunas de San Ignacio, Ojo de Liebre y Bahía Magdalena constituyen algunos de los lugares más importantes del mundo para su reproducción.
Entre enero y marzo, madres y crías permanecen en estas aguas tranquilas antes de iniciar el viaje de regreso hacia el norte.
Lo que hace especialmente famosas a las ballenas grises es su comportamiento curioso. En determinadas zonas protegidas, algunas madres llegan a acercarse voluntariamente a las embarcaciones con sus crías, permitiendo encuentros extraordinariamente cercanos.
Son animales que parecen buscar el contacto visual y cuya curiosidad ha convertido a Baja California en uno de los destinos más emblemáticos del planeta para la observación responsable de cetáceos.
